Es sabido que
en Galicia las fincas son entidades etéreas; a veces espectrales: su cabida
aumenta, disminuye, desaparece o se conjuga; incluso algunas no la tienen en
absoluto: son las famosas” 0
metros, 0 centímetros cuadrados” que no obstante su delicuescencia tienen
una enorme importancia social, aportándose a compensaciones urbanísticas,
compensando excesos o defectos de adjudicación, configurando el “capital” de
ciertas sociedades y mil utilidades más que Jacques solo revelaría bajo secreto
de confesión. Recuerda que incluso existe una ciudad entera volando por los
aires equivalente a Lugo, Pontevedra o Santiago: si no me crees lee La Saga/fuga de J. B. de Torrente Ballester.
Son historias que si hablas con uno de
Madrid o de Murcia no se las puedes contar, pues se dirían “cosas de gallegos”.
Pero existir, existen.
Pues bien,
algo horrible está a punto de pasar. A partir del 1 de noviembre próximo las
fincas y las casas solo podrán negociarse si están geo-referenciadas; es decir
delimitadas con su longitud y latitud sobre la superficie del Globo Terráqueo
con precisión milimétrica. El rumor ya ha empezado a extenderse y los paisanos
acuden en tropel a los despachos de los profesionales con rostros tan demudados
como si fueran atenienses de Tsipras con una Visa Oro.