viernes, 25 de febrero de 2022

¿SE PUEDE PRESCINDIR DEL VIUDO LEGITIMARIO EN LA PARTICIÓN?

 

La Victoria a punto de naufragar

SUMARIO

 

1.-MAGALLANES Y ELCANO EN DELICIAS

2.-ANIVERSARIO DE ROSALÍA DE CASTRO

3.-¿CONCURRE A LA PARTICIÓN EL VIUDO LEGITIMARIO?

4.-DOCAMPO VERSUS COLÓN.

 

1.-MAGALLANES Y ELCANO EN DELICIAS.

 

El 8 de septiembre se cumplen 500 años de la arribada de la nao Victoria a Sevilla tras completar la primera vuelta al Mundo. Aconsejo a los aficionados a la aventura la lectura de cualquiera de las crónicas: es el summum, de verdad, créedme. 3 años antes había zarpado de Sevilla una flotilla de 5 naos en la que se había embarcado una especie de guerra civil entre castellanos y portugueses: todo muy al gusto ibérico. Los portugueses, al mando de Magallanes, capitán general; los castellanos, de Cartagena, “persona adjunta” nombrada por el emperador Carlos: una especie de anti-líder encargado de que aquel las pasase canutas. Eran costumbres… que aún se mantienen: como Velázquez a Hernán Cortés, como Pedrarias a Balboa, como Docampo, Aguado, Bobadilla, etc. a Colón —a éste se le puso un montón—, como Egea a Ayuso.

Tras la primera escala, un encantador entreacto con las garotas descubriendo la bahía de Rio de Janeiro, aproaron a la Antártida y al drama. Entre las ventiscas de la bahía de San Julián se apuñalaron a gusto: ganaron los portugueses por goleada; a algunos castellanos, como Quesada, los desmembraron en vivo con el cabestrante; a Cartagena, por su nombramiento regio, no se atrevieron a tanto: lo dejaron tirado al zarpar, donde pronto se convirtió en un cubito de hielo. Estas cosas nos narra uno que subió a bordo en plan turista, Pigafetta, que también se ve obligado a meternos unas bolas de infarto: los indios patagones tenían unas orejas que les llegaban al suelo; de noche, una les hacía de colchón, la otra, de manta. El Mundo, que estas naves hollaron por primera vez, aún era prístino e incógnito y te podías tirar pegotes.

 La saga de la búsqueda del canal de Magallanes, entre estrechos canales plagados de arrecifes y glaciares, es homérica y estúpida: sí, porque unas millas más abajo estaba el cabo de Hornos, donde se puede cruzar al Océano Pacífico en limpio. 2 barcos de perdieron aquí, uno, el San Antonio, se fugó rumbo a Castilla, poniendo a unos cuantos españoles a salvo del descuartizamiento; otro, la carabela Santiago, contra un peñasco. La voluntad férrea del portugués (aunque por el apellido, Magallanes, de probable origen gallego) buscaba las especias, cuyo valor superaba con mucho al del oro: los 18 que sobrevivirán a la escabechina ─de 250 partieron─, se harán todos millonarios. Pigafetta, venga a anotar animales raros: guanacos. O unos pajarracos terrestres desconocidos, con chaleco negro y pico de cuervo: pingüinos, de los que se dieron un atracón que les produjo unos tremendos retortijones. Así se descubrió que no era comestible.

 Ya en el otro mar, el Pacífico, 3 meses de hambre y escorbuto: día sí, día también, tiraban marineros al mar, tras rezar el oficio de difuntos: no oficiales, que sobrevivían porque tomaban membrillo, cuyas vitaminas protegen del mal de las olas. Luego, el sorpresón: Magallanes se pasa de largo las islas de las Especias y se asienta en Filipinas de las que intenta convertirse en rey. Enredado en disputas con los sultanatos de la zona, al fin cae bajo la lanza de Tilapulapu, aun hoy héroe nacional de aquellas islas bautizadas en honor de Felipe II. Nuevas peleas entre españoles y portugueses se resuelven esta vez con la revanche: triunfa y lidera la expedición ahora Juan Sebastián Elcano que se deja de pamemas y carga de clavo hasta los topes la flota: ha llegado al objetivo, las Moluscas, las islas de las Especias. De las dos naves que van quedando; una revienta de tanto peso. La superviviente, la Victoria navega por los paralelos rugientes, rumbo al Oeste, como siempre, circunvalando el Planeta, huyendo de las naves coloniales lusas que querían comerse todo aquella a dos carrillos: Indias, China, Península Malaya… Meses y meses sin comida, royendo el cuero de los mástiles. Las ratas se cotizaban a precio de caballos. En llegando al océano conocido, el Atlántico, los temporales del cabo de Buena Esperanza les hacen rebotar una y otra vez al Pacífico. Dos nombres, Esperanza y Pacífico, notablemente fakes.

Ya en rumbo Norte, la famina les lleva a cometer un error: escala en Cabo Verde, donde los lusos secuestran a trece tripulantes y hay que dar velas para que no trinquen a todos. Por fin, dando la Volta do Mar, es decir cogiendo viento en las Azores, Elcano consigue llevar la nave de vuelta a Sevilla: 18 espectros la tripulan, espectros, pero millonarios.

 

Supongo que este año habrá montón de saraos conmemorando el 500 aniversario de la arribada; es muy celebrable, ya que se mataron pocos indígenas, esta vez nos matamos entre nosotros al hispánico modo. Para ir abriendo boca me he acercado al centro Unicaja-Delicias en Madrid, donde anunciaban una exposición “Elcano—Magallanes”. Tras una primera fase en una sala con varias pamemas (cuerdas, barriles, botellas… que representaban, supongo, las que aquellos supermanes llevaban a bordo), se pasa a un espectáculo de luz y sonido: Aparece una reproducción de la Victoria, sobre la que se proyectan rayos, olas y tormentas. Una serie de actores hacen ruidos tipo ¡Aaaa!, UUUU, Noooo, ¡Uuuf!, lo que deja muy satisfechos a los niños y sus papás.

Me temo que a los frikys nos prestará más la lectura de las muchas y buenas crónicas que existen de la hazaña.

 

 

 

2.-ANIVERSARIO DE ROSALÍA DE CASTRO

  

Otro aniversario, este corrido, al haber trasladado la Xunta al 23 de febrero el tradicional, que era el 24, tras el hallazgo del expediente matrimonial de Rosalía.

La gran polémica con la novelista (en castellano: también hay que leerla) y poeta en (en gallego) es: si todo aquel dolor, que le salía de las mismas entrañas, era inventado (poético, literario), o biográfico. O  sea, o como Víctor Hugo, que no era ningún Miserable, por más que los novelase, o más bien como los malditos tipo Dostoievski, Bukowski o Poe. Me ha causado mucha impresión el libro de Maria-Xesús Lama López: Rosalía de Castro Cantos de independencia e libertade (1837-1863); según él la moza Rosalía pertenecería a la gente bien de Santiago, participando de sus fiestas, gustos, estudios en el Liceo de la Juventud y nivel de vida. ¡Vaya! ¿Resulta que la Negra Sombra era sólo una ficción poética? A primera vista, sientes algo de decepción, pronto contenida por el pensamiento de que mejor para Rosalía. Respetando mucho a la biógrafa y habiendo disfrutado de su libro, a mi juicio esa idea es altamente improbable. Debutó como hija espuria ( los adulterinos, incestuosos o sacrílegos: estos últimos, los hijos de cura como ella), que son los que, no siendo "hijos naturales", no tienen padre ni madre. Por algo la tuvieron que bautizar como inclusera. Aquel debut lo llevó toda la vida como una mancha y, desde luego, por parte de su familia fidalga (los De Castro del pazo de Arretén) se llevó la discriminación a rajatabla: la poetisa se pasó la vida en la miseria y su relación con la familia noble se limitó a la petición de limosnas de unos pocos reales, que no siempre se le concedían. Parece que estudió, sí, en el Liceo, pero entre sus amistades no se cuenta uno solo de los apellidos fidalgos de Santiago; mucho menos los títulos (condes de San Juan y de Gimonde, marques de Monrroy, etc.). Los Pondal, Aguirre, Murguía, Avendaño et altera, eran jóvenes progresistas. Ella misma confiesa que toda la vida se sintió afectada por la rexouba (denigración) que se practicaba profesionalmente en el monasterio de San Lourenzo: "La risa y el sarcasmo /que fuera yo mi corazón palpaba"; "¡Sola era yo con mi dolor profundo/ en el abismo de un imbécil mundo"; "Y con agudos silbidos y entre sonrisas burlonas/ renegaron de mi numen y pisaron mis coronas"/  "...alrededor hubiese sentido, desde la cuna ya, el ruido de las cadenas que debían aprisionarme para siempre...";  "Cuando los señores de la tierra me amenazan con una mirada, o quieren marcar mi frente con una mancha de oprobio, yo me río como ellos se ríen y hago, en apariencia, mi iniquidad más grande que su iniquidad."; "...un deseo de virtud para lo futuro, un nombre honrado y sin mancilla..." Para qué más. ¿Iba una ciudad levítica como ninguna otra hacer una excepción con Rosalía? ¡Que va, eso es imposible, a un compostelano de pro no se le puede ir con ese cuento!

Cuando la llevaron a Madrid para buscarle algo (o rascar algo de la herencia según Carré Aldao, creo que ambas cosas), no encontraron mejor solución que entregarla en matrimonio a un pequeñajo ridículo que se hacía crecer con tacones, largos gabanes y sombrero de copa, aunque buen historiador (al gusto decimonónico, vale: inventando). De la agria relación tenemos indicios, pero no seguridades, al haberse encargado el viudo de quemar la correspondencia conyugal. Diantres, puede que Rosalía fuese esa persona encantadora y empática que ahora nos pintan, pero en tal caso debería haber consultado con el especialista cuando escribía ciertas cosas, por ejemplo el anti-adiosriosadiosfontes: "Ódiote, campo fresco/ c´os teus verdes balados... /Ódiovos montes soaves/ que o sol poniente aluma.../ E ti tamén, pequeno/ río, cal n´outro hermoso/ tamén aborrecido..."; "el execrable anatema llevando en la frente escrito/ refugio busqué en la sombra para devorar mi afrenta". Tampoco se compadecen con esa imagen idílica sus coqueteos con la idea del suicidio por inmersión (As Torres d´Oeste) que, si bien no llegó a materializar, quizá por pudor a la compostelana, sí convirtió su agónica muerte en una representación del mismo, al ordenar la apertura de ventanas para tener a la vista el Mar, un mar inexistente en Padrón donde finó sus días.  

Mi intuición me dice que fueron dos las Negras Sombras. Además del anatema que llevaba escrito en la frente, tuvo que existir algo más. Si esto fuera un juicio, no tendría pruebas, pero sí indicios.

"Santo Domingo, en onde cante´eu quixen descansa" (poema "Adiós") 

 Cuando Rosalía poetiza que en Santo Domingo Bonaval (Santiago) está enterrado quien más ha querido, siendo así que solo reconoce explícitamente esa categoría a su madre, que lo está en Padrón, nos da un indicio de que quizá esta pensando en Aurelio Aguirre, el poeta estrella, el ídolo de la juventud de aquella Compostela, el mentor del banquete de Conxo (su restos han sido trasladados recientemente de Santo Domingo a Boisaca). A.A., el mismo que en uno de sus poemas despreció a Rosalía: que se dedicase a la literatura, que como mujer no valía un real. "La mujer en el mundo no es dichosa/ por más que con falaz hipocresía/ adulando su joven fantasía/ la mire el mundo y la proclame hermosa// Lo será si modesta y virtuosa/ al templo del saber sus pasos guía/ y ceñida la sien ostenta un día/  con la diadema de laurel honrosa..." Este desdén envenenado parece sugerir un interés por parte de la llamada "poetisa" ¿no es cierto? Si así fuere, no se quedó sin vendetta. Aguirre había satirizado en su obra el plagio literario: pues bien, uno de sus poemas, el Marmurio das Ondas, fue plagiado descaradamente por Rosalía en su Negra Sombra Lo peor, o lo mejor, es que fue plagio del bueno: el que supera al original. Cuando te hablan de Marmurio, ¿de cual te acuerdas, del de Aurelio o del de Rosalía?

¿Qué, qué, qué tumba de Aurelio Aguirre? Se ahogó en A Coruña, tras un chapuzón en la playa de San Amaro. Lo que pasa es que al decirnos Murguía que tenía las uñas llenas de lodo, ganas nos dan de tramar una novela policíaca. Estaba amenazado de ser desterrado a las islas españolas de Polinesia por su discurso subversivo en el estrambótico banquete. Otra polémica, la de si Rosalía tuvo plato de cabra al estilo Conxo o no, mejor la dejamos para otro día.

 

 

 

 

3.-¿SE PUEDE PRESCINDIR DEL VIUDO/A LEGITIMARIO EN LA PARTICIÓN?

 

 

Pregunta: Mi hermano y yo fuimos declarados herederos abintestato de mi padre, correspondiéndole a mamá la cuota vidual legitimaria. Hemos suscrito ya las arras para la venta del otro piso (el que papá heredó, que no es el domicilio conyugal). Ahora va mamá y dice que no firma ni la adjudicación de herencia ni la venta. ¿Se puede hacer algo?

 

 Respuesta: Lo más importante antes de hacer una consulta es facilitar la vecindad civil: gallego, catalán, aragonés. Deduzco por la dirección que es la gallega; si no es así, retiro lo que viene a continuación.

 

En un post anterior advertíamos de la preocupante costumbre de la ex DGRN (hoy DGSJPYFP o algo peor) de dar más importancia a la legítima conyugal (al considerarla un usufructo y por tanto derecho real), que a la de los hijos: de estos últimos, si son meros legitimarios, cabe prescindir para la partición, cosa que no puede hacerse con un viudo/a titular de derecho real. La solución —decíamos— desde el punto de vista del testador es recurrir al art. 255, que le permite libérrimamente fijar la naturaleza de la legítima conyugal: puede muy bien determinar que se trate un crédito dinerario pagadero en el plazo legal (1 año), con lo cual ya no cabría hablar de derecho real. Se produce una subrogación por su mera voluntad, en la que el usufructo del cuarto actúa meramente como un quantum.

 

Creo que los herederos tienen al alcance una solución parecida. Propongo un ejercicio de “Las diferencias”: la comparación del art. 256LG con el 839 del Código Civil. En el derecho gallego los herederos, por sí y ante sí, sin intervención del viudo/a, pueden decidir la modalidad (1º paso). Decidida esta, por ejemplo “en dinero”, es cuando se requiere el acuerdo con la persona viuda o decisión judicial, para concretar el derecho, o por ejemplo o 50.000 euros o 65.000 (2º paso).

 

Muy distintamente en el Derecho Común se requiere el acuerdo herederos-viudo/juez incluso para determinar la modalidad, lo que genera una especie de derecho veto para operaciones urgentes en favor del cónyuge supérstite.

 

Entiendo que, tratándose de un causante gallego, dos herederos pueden muy bien otorgar escritura de “adjudicación de herencia y opción de modalidad” atribuyendo naturaleza dineraria a la legítima con lo que, al no tratarse de un derecho real (inmuebles) no sería calificable por el registro, debiendo inscribirse la finca a nombre de ambos herederos.

 

Lo que no está garantizado es que el registrador que os toque sea de la misma opinión, por lo que deberéis hacer la consulta previa. Y, en aras de la paz familiar, si podéis arreglaros con vuestra madre, miel sobre hojuelas.

 

 

Ley de Galicia

Artículo 255.

El causante podrá satisfacer la legítima del cónyuge viudo atribuyéndole por cualquier título, en usufructo o propiedad, bienes determinados de cualquier naturaleza, un capital en dinero, una renta o una pensión.

 

Artículo 256.

Si el causante no lo prohibió, los herederos podrán conmutar la legítima del cónyuge viudo por alguna de las atribuciones expresadas en el artículo anterior y optar por la modalidad de pago, pero habrán de acordar con la persona viuda los bienes o derechos en que se concretará. Si no hubiera acuerdo entre los herederos y la persona viuda, decidirá la autoridad judicial.

 

Código Civil

Artículo 839.

Los herederos podrán satisfacer al cónyuge su parte de usufructo, asignándole una renta vitalicia, los productos de determinados bienes, o un capital en efectivo, procediendo de mutuo acuerdo y, en su defecto, por virtud de mandato judicial.

Mientras esto no se realice, estarán afectos todos los bienes de la herencia al pago de la parte de usufructo que corresponda al cónyuge.

 

 

 

 

4.-DOCAMPO VERSUS COLÓN

El capítulo 2 del libro III trata del gobierno de Ovando en La Española. Colón era a estas alturas un apestado que tenía prohibido hacer escala en la colonia castellana; quizá por eso le echó el mal de ojo al nuevo gobernador. Y acertó.

 

Año y pico atrás, los reyes se habían quedado cariacontecidos cuando Colón les fue devuelto encadenado, no por el hecho en sí, sus cualidades de gobernante eran peores que la peste; sólo por los hierros. Como premio de consolación (al fin y al cabo, parece que les había regalado la India, incluso más de una) le avalaron un cuarto viaje a cualquier sitio donde su hundiera y desapareciera en el fondo del mar para siempre; no a La Española, no. Ahí no. NO. NO.

No contaban con la desvergüenza del personaje. A los pocos meses de gobierno ovandino se van a perfilar en el mar turquesa del estuario del Ozama cuatro velas con sus rojas cruces de Malta y el estandarte verde de los Reyes en sus trinquetes. No ondean banderas, ni hacen albricias con las lombardas, ni siquiera disparan arcabuces. Nada de nada. Es como si viniesen a hurtadillas. Se trataba del genuino Cristóbal Colón en carne mortal. No había podido resistir la tentación de acercarse a su querida isla, a pesar de la expresa prohibición de los reyes que, conociendo sus proverbiales facultades parta el desbarajuste, lo habían despachado “solo para Tierra Firme”, ¡nada de islas! Si descubría algo nuevo, ya mandarían alguien capaz de gobernarlo.

Una chalupa bogará a tierra ante las perplejas miradas de los dominicanos que temerán que Ovando se arrugue ante la aureola virreinal del almirante. El hombre de Colón a bordo, Diego Méndez, un notario baquiano curtido en mil batallas y cicatrices, pero que lee a Erasmo, ni siquiera es autorizado a desembarcar y recibe las contestaciones a flote por un propio del gobernador, que no se dignará en recibirle. Petición de reponer una carabela averiada: denegada. Petición de refugio ante el tremendo huracán que se avecina, que, que, ¿qué es eso? Advertencia de parte de Colón de que no zarpe hacia España la armada de treinta y dos navíos que se divisa todo a la redonda. Respuesta: que ja-ja-ja.

A Ovando de la risa se le debió encender la barba hasta las raíces con aquello del huracán, que sonaba a can, canino o caca de perro, por decirlo a lo sencillo. Esa palabra inexistente en castellano lo más que suscitaba era un encogimiento de hombros.

 El gobernador será brutal: la flota zarpará al alba, con la marea, venga, espabilad. Sí o sí. Ovando preferiría mil veces que se hundiese la flota de España antes de que se pusiera en duda quien empuñaba el bastón de mando. Un hombre de autoridad no puede descansar ni un momento de su condición. Él no era como esos Colón, no negociaba con rebeldes o enredadores. De esos iba un buen ramillete como pasajeros en la escuadra que zarpaba hacía España: Guarionex, el cacique que había promovido una rebelión general, aplastada en la batalla de la Vega Real. Bobadilla, el cruel gobernador que había engrillado a los Colón. Roldán, el hidalgo rebelde ante quien se había achantado la troupe colombina. Por ir, hasta iba en los pañoles la famosa pepita de oro gigante. La del cochinillo. Tan grande como un barreno, que es a modo de hogaza de Alcalá. 3.600 pesos en oro que valía. 35 libras de peso ¡lo nunca visto en pepitas! Comandaba la expedición Torres, hombre de la corte que ya había capitaneado la singladura de ida de esta misma flota, con Ovando a bordo.

Anticipemos que Colón no era un analfabeto en cuestiones de mar pero, por ahora, debemos volver a cambiar de escenario. Dejemos a su suerte aquella España en marcha que era la flota de Torres, que iza las velas, nave tras nave, en el estuario del Ozama, y volvamos a la flotilla de Colón, el desahuciado, constreñido a abandonar Santo Domingo con un Vade retro Satanás. El caso es que, como muy pronto vamos a tener ocasión de ver, los cuatro pecios destartalados que había conseguido don Cristóbal van a tener una relación más directa con la peripecia vital de Campo, que la lustrosa flota de Torres que singla adormecida hacía la tragedia.

La encomienda Campo en Azua limitaba por el sureste con una colina en forma de medio riñón asomada al llamado Puerto Escondido, un brazo de mar desenfilado de la dirección dominante de los huracanes. Allí Colón buscó refugio de la que se avecinaba; clavó estachas, hizo firmes cabos y maromas y dejó a buen recaudo sus cuatro barcuchos en cuyos cascos empezaban a trazar galerías cierto gusano llamado broma. Campo tuvo que presenciar o ser informado de la operación, pero probablemente no se puso en contacto. Por un lado, temería ser acusado de traición; por otro, consideraría muy probable que el clan genovés —a bordo venían don Cristóbal en carne mortal, su hijo Hernando y su hermano Bartolomé— conservase sentimientos de animadversión contra él, a cuenta de su participación en el juicio de Bobadilla. Por la forma calmosa en que se desarrollará meses más tarde el futuro salvamento de la flota colombina (una vez el gusano excavador remate su trabajo), podemos colegir que el encuentro, si lo hubo, fue desagradable.

Volvamos ahora de nuevo el foco a Santo Domingo, unos cien kilómetros al Este. Tan pronto la última vela de España se ocultó tras el horizonte, la situación evolucionó con rapidez. Los españoles iban a aprender el mal trago en que consiste un huracán. Cuentan que los relámpagos eran tan virulentos que se veía luz a ojos cerrados. Cada ventana rezaba un tembloroso Salve Regina, intentando sobrellevar la angustia de la espera. Al primer embate, el viento doblegó a ras de suelo las palmeras de la costa. El agua jarreó durante horas, hasta que disolvió el adobe de las casas dominicanas y los vecinos supervivientes se vieron húmedos y desnudos. ¡El Juicio Final!, proclamaron a voz en grito unos frailes, haciéndose oír apenas entre el aullido de los ciclones. Lo fue, y su veredicto no disgustará del todo al comendador mayor, tal como ordenará ser llamado Ovando tras su ascenso al mando supremo de la Orden de Alcántara. Guardará luto, sí, por las treinta embarcaciones que se fueron al fondo; solo dos llegarán a España. Y quizás medio luto por la pepita de oro (encima de la que sus halladores habían comido un lechón) y que pasó a ser el más bello plato de la vajilla de Neptuno. Pero es dudoso que derramase ni media lágrima a cuenta del ahogamiento del 100% de los personajes de la conquista (Roldán, Bobadilla, Guarinonex, Torres… ), algo que le permitiría empezar de cero. Tras recibir noticias de Compostela por un mensajero (suponemos que el guatiao Campo), es posible que dijese a sus colaboradores que nada podía ser menos cierto que sugerir que le apenaba la supervivencia de los Colón.

 

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viernes, 18 de febrero de 2022

CONMUTACIÓN DE USUFRUCTO VIDUAL ¿ES PERMUTA FISCAL?

Foto: Mercedes Rajoy

 

No, claro. En el Derecho de Galicia no es permuta a efectos fiscales ni la conmutación del usufructo de totalidad (art. 229.2 LG) ni la de la cuota vidual legitimaria (256 LG). Tanto monta, monta tanto; se trata de negocios jurídico-sucesorios vulgares y corrientes como el pacto sucesorio o la partición, tributando únicamente por Sucesiones, pero sin  liquidar permuta ni consolidación del dominio.


Distinta es la situación en el Derecho Común (Código Civil). Allí la conmutación se recoge únicamente en el art. 839 (Sección 7ª C-II, T-III, L-III), titulada Derechos (legítima) del cónyuge viudo.   De ahí la Sentencia del Tribunal Supremo de 23/07/2020 que dice que la conmutación está pensada para la sucesión intestada (en el Derecho Común, sí), por lo que sólo será aplicable cuando afecte a derechos legitimarios; en los demás casos (usufructo universal) habrá aceptación de herencia y con posterioridad, permuta.

La aplicación de esa normativa basada en el Código Civil sería ridícula y discriminatoria en Galicia donde la legítima es muy reducida. Por eso hay que insistir en que en Galicia, la conmutación está pensada y regulada tanto para el usufructo de totalidad (art. 228 "Los cónyuges podrán pactar... usufructo sobre la totalidad de la herencia"; art. 229.2 "Este usufructo es... conmutable por acuerdo del usufructuario y de los propietarios sin usufructo"), como para la cuota vidual usufructuaria (art 256 "Los herederos podrán conmutar la legítima del cónyuge viudo...)

Como los juristas galaicos ya saben por experiencia, la administración fiscal (la gallega incluída) aplica por rutina el Derecho Común, por lo que deben aprestarse a afilar y pulir con esmero sus lanzas y espadas recurridoras.



 El capìtulo 1 del libro III de Docampo versus Colón tiene por materia el juicio de Bobadilla a Colón: cuesta trabajo creer todas las barbaridades que se imputaron al genovés. En este proceso intervino Docampo como inquisidor en los interrogatorios y a su término el comendador Bobadilla se dio el placer supremo de organizarle un simulacro de ejecución a don Cristóbal ¡como a Dostoievski! E ahí un párrafo:


La tercera deposición se tuvo el 26 y ya solo fue para jurar sus declaraciones. Acto seguido Bobadilla ordenará conducir a las naves a los dos hermanos, Bartolomé y Cristóbal, y se dará el placer sublime de organizar un simulacro de ejecución. Sin decir porqué o a donde, se los entregó a Vallejo, el capitán de la Gorda. La costumbre era que cuando los reos colombinos salían escoltados por los alguaciles, camino de las horcas del puerto, la de babor y la de estribor, el destino fatal estaba asegurado. Colón no pudo menos que interpretarlo así. Petrificado, como el que ha tocado un escorpión. Podemos imaginarlo con un hilo de voz, entrecortada, ahogada, el rostro lívido, preguntando al capitán:

 

—Vallejo ¿¡dónde me lleváis?

—Señor, al navío de vuestra señoría, a se embarcar.

—Vallejo ¿es verdad?

—Por vida de vuestra señoría que es verdad, que se va embarcar 21.

 

Ya a bordo de la Gorda los Colón aun tendrían la pesadumbre de escuchar los cuernos que fueron a tocar al puerto sus pasadas víctimas: casi toda la población, envalentonada, ahora que habían pasado el Gran Miedo y el Gran Hambre. Lo demás es historia novelada; si se pasó toda la travesía encadenado, como Colón afirma, o solo lo afirma, es cuestión que tiene nimia importancia. Nada tenía el genovés en contra de la humildad: cuando Vallejo lo desembarque en Sevilla conseguirá a buen precio un raído hábito franciscano para adornarse de esa guisa en la entrevista que le esperaba con los Reyes.

 Lo cierto es que las manos colombinas fueron apartadas para siempre de la colonia de Indias; y si los reyes, por una especie de prurito de conciencia, le permitieron navegar una última vez (cuarto viaje), la verdad es que no le hicieron ningún regalo. La hacienda Compostela recibirá la noticia del naufragio y los pormenores del parsimonioso salvamento, batirán cotas de saña que hubieran dejado tibio de envidia el propio Bobadilla. A los náufragos, tirados en una playa de Jamaica, se les exhibirá una presunta nave salvavidas e, ipso facto, se retirará de allí en un juego de prestidigitación, sin salvarles. Quien siembra vientos…

 

Existe una visión alternativa del Juicio de Bobadilla, para nuestros intentos más fresca, pues parece mejor enfocada desde la visión de Sebastián Docampo. Para empezar, nuestro personaje suscribe el instrumento con el nombre de su gusto, Docampo, no con ese estomagante De Ocampo que le asignan los notarios castellanos. No quiero decir que la obra que arriba se ha mal copiado (de Consuelo Varela e Isabel Aguirre), no sea insuperable en términos generales: según narra Varela encontró la fuente a través de una pesquisa casi policíaca en el Archivo de Simancas, en el llamado Legajo 13 “Incorporado Juros” y procede nada menos que del Consejo Real. Probablemente se trate de un traslado posterior a la muerte (1504) de Isabel “que santa gloria aya”.

Pero la fuente a la que ahora nos cambiamos, Carta de sus Altezas para Bobadilla con las respuestas del Almirante, dentro de la obra de cierta duquesa de Alba decimonónica Autógrafos de Cristóbal Colón y papeles de América 22, presenta la inestimable ventaja (que Varela reconoce), de trasladarnos las intervenciones de Bobadilla en directo (el documento simanquino apenas nos trasladan las observaciones del notario). Nos pone ante los ojos un proceso vivo, con réplicas y contra réplicas, en las que tal vez tuvieron un papel los testigos pesquisidores. Desde luego Colón era una perita en dulce para cualquier fiscal o acusador mínimamente experimentado: se contradijo, se auto acusó y cayó con todo el equipo.

En las primeras hojas del documento se contiene la carta en la que los reyes ordenan a Bobadilla que extirpe el dorado metal al señor Delorosehacetesoro para pagar, tanto a sus asalariados, como a los de la corona, a cual más famélico:

 

Os mandamos que averigüéis la gente que ha estado a nuestro sueldo y así averiguado la paguéis, con la gente que ahora lleváis, con lo que se ha cogido para nos en dichas islas, y cojáis y cobréis de aquí en adelante; y lo que hallarais que es a pagar a cargo del dicho Almirante, las pague el de forma que esa gente cobre lo que le fuere debido y no tenga razón de quejarse, para lo cual, si necesario es os damos poder cumplido por esta nuestra cédula 23.

 

Cara a cara, fase to face con el señor Cristóbal Colón, Docampo y los demás le comunicaron estas cosas. Sería de ver el semblante del almirante, habitualmente lívido, aunque un observador atento tuvo que apreciar cierto tic habitual en él, cuando se enteró del permiso real a Bobadilla para apropiarse del oro que tenía almacenado.

 

En 15 del mes de septiembre de 1500 años se notificó esta cédula de sus Altezas, originalmente en faz y presencia del señor Almirante. Testigos, Pero López Galíndez e Francisco Velázquez e Sebastián Docampo e Juan Pérez de Najar e otros muchos 24.

 

El 15 de septiembre Colón estaba recién llegado a Santo Domingo, después de mil peripecias en la selva. Sin tiempo siquiera a refrescarse, se le empieza el proceso. La sangre se le agolparía en los oídos: estaba a punto de caer de su columna de mármol a la cárcel y, casi seguro, de subir al patíbulo estilo Balboa. Tal vez por eso, Colón en su respuesta cometió un error de pipiolo, joder, reconoció los hechos. Me hace eso a mí un defendido y lo estrangulo. Perdón.

 

El señor Almirante respondió que el tiene cartas de sus Altezas en contrario de esta; por ende, que pide por merced al señor comendador y requiere la guarda de dichas cartas que tiene de sus Altezas, y que a la paga, esto que es cosa de cuenta, que está presto a estar a ella y darla. Testigos, Pero López Galíndez e Francisco Velázquez e Sebastián Docampo e Juan Pérez de Najar e otros muchos 25.

 

Si le llamas comendador a Bobadilla (en vez de gobernador), es que no reconoces el nombramiento realizado nada menos que por sus altezas. Te has rebelado, tú lo has dicho. Para colmo se había negado a obedecer las cédulas de los Reyes Católicos. ¿Para qué hacía falta más? Pero Bobadilla tenía unas mandíbulas muy frías.

 

El señor gobernador dijo que esta carta le dieron sus Altezas, y que vista otra en contrario, que se cumplirá lo que sus Altezas mandaren y que en Castilla tienen sus Altezas contadores ante quien está asentado todo y lo determinarán si se debe de guardar y lo uno y lo otro, pero que en tanto el hará lo que sus Altezas le tienen mandado. Testigos, Pero López Galíndez e Francisco Velázquez e Sebastián Docampo e Juan Pérez de Najar, etc. 26

 

Sin alterarse mucho, el comendador de Auñón le requirió para que entregase el oro y las otras cosas de los reyes que tenía en su poder. Luego, lo engrilló y lo puso en manos del capitán Vallejo, dejándole en la duda existencial de si el viaje programado tenía por destino el Hades o España. Ya más relajado, Bobadilla iniciará la segunda parte del proceso, dejando en manos de notarios y escribanos la deposición de testigos por materias: sección de ahorcamientos, tormentos, azotes, amputaciones, maltratos, etc. A decir de Colón Bobadilla eligió para la probanza a los testigos que quiso, y esto también puede que fuera cierto. Si lo que narraron hubiese sido la estricta realidad, no se entiende como no lo ejecutaron allí mismo. Aunque a esta prolongación de la vida sin duda contribuyó la prohibición de los reyes para que, jamás de los jamases, volviese a pisar la isla Española.


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martes, 8 de febrero de 2022

¿QUE COSA SON LAS LEGÍTIMAS?

Iguazú

 

SUMARIO

1) DOCAMPO VERSUS COLÓN

2) ¿QUÉ COSA SON LAS LEGÍTIMAS?


1) DOCAMPO VERSUS COLÓN

 El libro III de Docampo versus Colón narra la fase de plenitud del gallego, cuando participa en las conquistas de Santo Domingo, Cuba -muy en 1ª persona- y la Tierra Firme (el continente americano), aquí como procurador de Balboa. El capítulo introductorio que sigue propone con cierta guasa, sustituir la teoría del Colón gallego por la  del anti-Colón gallego; como la cosa va de buen rollo espero que nadie se lo tome a mal.

III-

Indias y Tierra Firme

 

“Las islas e tierra firme del mar Océano e islas de Canaria fueron descubiertas e conquistadas a costa de estos mis reinos e con los naturales dellos”, escribió Isabel la Católica en su testamento, dejando claro que para ella no existía la menor diferencia entre unas islas y otras. La conquista de las islas atlánticas se realizó por las mismas personas y con las mismas prácticas, siendo similar el debe (Lugo, Cortés, Pizarro) y el haber (Serna, Montesino, Las Casas). En la mentalidad de Campo tampoco cabía la distinción actual entre islas con alemanes color cangrejo y seguro de sol e islas Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos de América, para nada, más bien debemos pensar en un continuado Juego de la Oca, saltando de Gomera a la Palma, de ahí a Tenerife, luego salto a La Española y por fin, a la casilla de Cuba. Y tiro porque me toca.

No debe resultar raro por ello que, como en el popular juego de mesa, exista una progresión. Nos enfrentaremos al momento de plenitud vital. El Colón o Elcano que Campo llevaba dentro de sí, sin saberlo, el gallego impasible al sufrimiento propio o ajeno, el agitador del devenir de la Historia sin darse pisto por ello, aflorará a la luz en estos dieciséis años, de 1498 a 1514. A los historiadores gallegos de la Belle Epoque les ponía la teoría del Colón Gallego: El conde de Camiña (Pedro Madruga), no habría muerto a garrote en Alba de Tormes en 1486, que va, simplemente que, a partir de entonces, decidió llamarse Cristóbal Colón y organizó la que organizó. Argumentos no les faltaron, dada la catarata de inverosímiles casualidades que entrelazan inextricablemente los cursos vitales del gallego y del genovés en aquel cambio de siglo, del XV al XVI. El compartido portuguesismo, la paralela ocultación de unos orígenes tenidos por groseros, la mutua relación con los Perestrello y el mundo de los descubrimientos, la coincidencia del declinar de uno con el auge del otro,  la arribada de la Pinta con la primera noticia del Descubrimiento a la tierra del mariscal de Bayona, el contrato de flete detectado en Pontevedra sobre la nao Santa María, el nada sorprendente parentesco de ambos con personajes cuyos nombres derivan del latino columba/ae (paloma), aprovechando que los romanos colonizaron tan a gustito, Génova (Genua), como Pontevedra (Duos Pontes), el desopilante intento de Cristóbal de Sotomayor, sí Cristóbal, el hijo de Madruga, de constituirse un feudo en ¡Puerto Rico!... en fin, creo que, para la época en que se formuló, debería considerarse un Judas a todo aquel paisano que se opusiese a la teoría del Colón Gallego.

Pero nuestros tiempos son asquerosamente fríos y tenemos que soportar que un lechuguino profesor agregado de Universidad llamado Álvarez-Hungría jr. nos eche en cara sus datos, sus puñeteros datos. Que nos exhiba un mandamiento de los Reyes Católicos ordenando a Álvaro de Sotomayor, el heredero del mayorazgo, que pague unas deudas de su padre a ciertos mercaderes napolitanos, prueba —nos dice con fruición— de que Madruga estaba muerto. Que, por lo tanto, no pudo haber hecho metamorfosis a Cristóbal Colón. Incluso, más descarnadamente, nos paseará por el rostro ejecutorias, como cierta fechada a 1504 en pleito sobre la villa de Salvatierra de Miño, en las que se habla “del conde de Camina, ya defunto”, por lo que, añadirá este lechuguino, ya en plan chulito, que Pedro Madruga solo pudo convertirse en Cristóbal Colón, superviviente hasta 1506, como miembro de la Santa Compaña, la procesión de las almiñas difuntas. Ya puesto, en plan perdonavidas, exhibirá al último colonmadruguista el documento en que el hijo mayorazgo, don Álvaro de Sotomayor, se propone cumplir la voluntad testamentaria del padre, don Pedro, de ser enterrado en Santo Domingo de Tuy. Hará bien el doctor Álvarez-Hungria jr. en no seguir por ese camino, sepa que al decir eso, al último colonmadruguista se le estará encendiendo una bombillita en su cerebro. Mmm, santodomingo, santodomingo… ¿no era Colón el que había sido enterrado en Santo Domingo… hoy Republica Dominicana?

Si nos los propusiéramos, podríamos darle a Álvarez-Hungría jr. un elenco de detalles de lo más excitante y demoledor que demuestran que Shakespeare es nativo de Os Peares (Xan-dos-peares), como el presidente Feijóo, pero con gente así no vale la pena ni molestarse.

Propongamos un aggiornamento de la teoría, usando parecidos mimbres, basándonos en esos mismos documentos renacentistas que la investigación histórica ha hecho aflorar en las últimas décadas. ¿Por qué en vez de hablar del Colón gallego no empezamos a hablar del anti-Colón gallego? Sebastián de Campo se ajusta como un guante al nuevo alias. No dudo que su fidelidad de vasallo a Alonso de Lugo, el rival de Colón en el corazón de la Bobadilla, pudo predisponerle a tan antipático papel histórico, aunque lo lógico es suponer que, en su actividad de control de las sospechosas conductas del genovés, actuase como contino o criado de los Reyes. No fue el único, sino uno más de los comisionados reales con los que se intentó poner coto a los desmanes de la mafia colombina, como Aguado, como Gabriel Varela/Valera, como Bobadilla (don Francisco), este ya en plan bestia. En el siguiente capítulo veremos como Docampo participa en la pesquisa de Bobadilla, cuyo colofón será la salida de los tres miembros del clan italiano (Cristóbal, Bartolomé, Diego) expulsados de Indias con grillos en los pies, despojados de sus pomposos títulos: virrey, adelantado, prefecto. Para su deconstrucción del personaje colombino, Campo no se limitará a la humanidad gimiente del genovés, aquel que lloriqueaba camino del puerto de Santo Domingo, convencido de que Bobadilla había ordenado darle garrote. Llevará la oposición a un nivel más sofisticado. Atentará directamente contra el numen histórico de Colón, descubridor según él de una ruta cortísima para llegar al Japón, la China, las Indias, Malaca, Indochina y las islas de las Especias, hoy Oceanía. Para el Almirante del mar Océano era esencial el cumplimiento del objetivo prometido tanto a los Reyes como a los banqueros; no, no daba igual descubrir una cosa que otra. Colón recorrió en un par de ocasiones las costas de Cuba, primero y segundo viajes, acompañado de un traductor de lenguas orientales (de chino no había encontrado), y aplicándose con esmero a la búsqueda de homonimias entre aquellos territorios y el Asia conocida a través de Marco Polo. Si los indígenas del cabo de Palmas le hablaban de un tal cacique Camy, Colón anotaba en su diario que se trataba del Gran Kan, el mandarín mogol de la China en época de Polo. De nombre Kublai, primer emperador chino de la dinastía Yuan, de donde sale la palabra Cuba con toda naturalidad. “Y es cierto —escribe— que esta es la tierra firme y que estoy ante Zayto y Quisay…”, ciudades chinescas que don Cristóbal era capaz de ver en tierra cubana, sin siquiera parpadear. A la postre, ya en el segundo viaje, se hartó de recorrer la costa cubana, que no deja de ser la mayor isla caribeña; entonces vino lo del Juramento Colombino. Hará jurar ante notario a todos sus hombres que Cuba era China, estableciendo penas variables para el perjuro que osase afirmar lo contrario, según fuese hidalgo o plebeyo: para los primeros, 10.000 maravedís de multa y glosectomía; para los segundos, 100 latigazos y, bah, también corte de lengua. Nicolás de Ovando, gobernador tras la destitución de la famiglia, encargará a su viejo amigo de la corte isabelina, Sebastián de Campo, la población y bojeo (circunvalación) de Cuba, poniendo fin a la fantasía colombina y en ridículo a su autor. Años más tarde otro allegado, Balboa, un paisano de las Rías Baixas si atendemos al gentilicio (Balboa, junto al monasterio de Armenteira, a un par de leguas de Pontevedra), facilitará a Docampo el adecuado remate a la tarea de destrucción de la columna de mármol que sustenta el monumento al genovés: le encargará el traslado a la corte de las cartas que daban cuenta de la existencia de un nuevo océano al otro lado de la Tierra Firme: el que ahora llamamos Pacífico y, entonces, mar del Sur. ¡Vaya por Dios! ¡Resulta que aún quedaban trillones de cahizes de agua hasta alcanzar las costas chinas e indias!

Colón ya había muerto y no tuvo que pasar el bochorno. Al menos, en el Cielo, Purgatorio o Círculo infernal dantesco que le haya tocado (y del que estarían a punto de expulsarle con hierros en los pies), podrá disfrutar del premio de consolación: A lo que descubrió, se le llamará durante siglos Indias; a sus habitantes, indios. Aun hoy. A los que Hollywood enfrentará a los vaqueros, tal vez por reminiscencias profundas, ya que para sus homónimos del subcontinente indio, las vacas son sagradas.

En esta obra, me temo que no van a serlo.


B) ¿QUÉ COSA SON LAS LEGÍTIMAS?

En los tiempos del cuplé la legítima era la esposa por la Iglesia; pero, en los actuales, a la gente le suena a una especie de derecho o ventaja que favorece a los hijos en una sucesión. Eso no siempre es así, porque el vocablo “legítima” es polisémico: significa un montón de cosas distintas. La clave está en el Derecho nacional que rija la sucesión del causante y, dentro de España, las leyes que gobiernen la concreta autonomía a que pertenezca. Según los casos, podemos ir del casi todo a la nada absoluta.

Para no convertir esto en un tocho, hablaré solo de hijos, por más que a veces también sean legitimarios los descendientes de hijos difuntos o, a falta de descendientes, incluso los padres, y, a menudo en usufructo de la propia legítima, el viudo.

Así pues, la clasificación la haré de menor a mayor importancia del derecho legitimario de los hijos, según la Ley del territorio que se aplique a una concreta sucesión (ciñéndome a los casos más frecuentes)

 

Grosso modo la legítima puede significar:

 

NADA DE NADA (REINO UNIDO, USA, NAVARRA, PARTE DE ÁLAVA)

 

*En los países anglosajones bajo el imperio del common law cada uno dispone mortis causa de sus bienes como le dé la gana, sea en favor de hijos o no, que no ostentan ningún derecho especial en relación a las novias/os, los sobrinos, los extraños, etc. La importancia de esta normativa reside en que muchos cientos de miles de españoles residen en estos países y que, conforme al Reglamento Sucesorio Europeo, la Ley a aplicar a una sucesión es la del país donde uno esté arraigado. Aunque no sea la española de origen.

 

*En Navarra la legítima tiene carácter humorístico: a cada hijo hay que dejarle al menos 5 carlines (moneda desaparecida) y una robada de tierra en los montes comunes. Como esa moneda no existe y los montes comunes son eso, comunes, si uno no quiere no tiene porque dejar nada a ninguno de los hijos: es algo simbólico.

 

*Algo parecido sucede en el territorio alavés llamado Ayala: es obligatorio apartar a los hijos “con lo que quisieres o por bien tuvieres”. Por ejemplo, un padre de dos hijos puede dejar a uno un bolígrafo y a otro un donut. Y la herencia, al sobrino.

 

Estas fórmulas simbólicas no están pensadas para fomentar el sadismo, sino para dejar clara la voluntad: si no le quieres dejar nada a tus hijos, nada les dejes, pero aclara que lo haces a propósito y no por despiste. Las frasecitas son puro folklore.

 

NADA DE NADA O ALGO (PAÍS VASCO, ARAGÓN)

 

*En Aragón la legítima es de la mitad de la herencia y puede distribuirse entre los hijos igual o desigualmente. Por ejemplo, un padre de cinco hijos puede atribuírsela a uno sólo y, a los otros cuatro, nada de nada.

 

*En el País Vasco la legítima es de un tercio de la herencia y también puede distribuirse igual o desigualmente. Por ejemplo, sobre cinco hijos toda para uno, o para dos o como se desee.

 

NADA DE HERENCIA: ES OTRA COSA (GALICIA, CATALUÑA)

 

Centrándome en Galicia (en Cataluña es similar) la herencia es libre y cada cual se la deja a quien quiere, sea hijo, sobrino, simpatizante o enemigo. No hay obligación de dejar nada por herencia a ninguno de los hijos.

Ahora bien: se tiene una deuda con los hijos por haberlos traído a este Mundo. Esa deuda, en conjunto, es de la cuarta parte del valor líquido de la herencia. Por ejemplo, alguien que tenga 5 hijos, les debe 1/20 a cada uno (4 x 5 = 20). Esa deuda puede haber sido pagada en vida, mediante pactos de mejora, donaciones, apartaciones, perdón de deudas, etc. Pero, si no fue así, debe tenerse en cuenta que al heredero le trasmitimos nuestra personalidad (heres = continuador): al igual que le pasamos los bienes, le pasamos también las deudas: la legitimaria, es una más, exactamente igual que si se debe a El Corte Inglés o al BBVA. El heredero que acepta está atenido al pago de todas ellas.

 

Ello no quita que la herencia pertenezca en su totalidad al heredero/s (todas las cuentas, todas las casas, todas las deudas, etc.) que es el único/s que puede y debe otorgar la escritura de adjudicación o partición de herencia. La deuda legitimaria, como cualquier otra, la puede pagar de su bolsillo o de la herencia (por la aceptación se produce la mezcla o confusión de patrimonios). A los hijos no herederos y demás acreedores es innecesario nombrarlos en el testamento, aunque se suelen usar fórmulas ligth para aclarar la voluntariedad del acto, como el “lego” o el “reconozco” la legítima.

 

En resumen, que los legitimarios no tienen derecho a ninguna parte de la herencia sino a otra cosa: a cobrar lo que se les debe, sin que sea obligatorio que se les pague con cargo a la herencia.


UN POCO DE HERENCIA, PERO IMPORTANTE

En Baleares los hijos (hasta 4) son herederos forzosos de 1/3 de la herencia (un solo tercio); si son más, de la mitad. La cuantía, 1/3 para todos, puede parecer reducida pero, el que sean herederos "por fuerza" significa que se debe contar con todos y cada uno de ellos para la firma de la partición de herencia, a diferencia de los simples acreedores gallegos o catalanes, que no concurren al documento. Ese poder de vetar con su no-firma la adjudicación y reparto de la herencia, es más importante a veces que otros recursos de tipo jurídico, dada la lentitud de nuestra Justicia.

 

UN BUEN PEDAZO DE LA HERENCIA (FRANCIA, LAS 3 CASTILLAS, ANDALUCÍA, EXTREMADURA, ETC.)

 

*En las Castillas, Andalucía, etc., los hijos son herederos forzosos. O sea que a la fuerza hay que contar con ellos, con todos, para la partición, que si no adolecería de vicio de nulidad. Además, llevarán un porcentaje fijo de la tal herencia ,2/3 (dos tercios), habitualmente deferido con la palabra “instituyo”, a saber:

—Uno de los tercios, el de legítima estricta, se reparte o sí o sí a partes iguales entre todos los hijos;

—Otro de los tercios, el de mejora, también es legítima en el sentido de que no se puede dejar a extraños, pero el reparto entre hijos puede ser igual o desigual, como la legítima vasca o aragonesa.

—El tercero de los tercios es de libre disposición.

 

A todo esto, la ley de la sucesión es la voluntad del testador, deducida según las leyes de la gramática. Por lo que si un testador castellano dice “instituyo herederos a mis hijos tal, tal y cual en la legítima”, la jurisprudencia del T.S. suele interpretar que se refiere al tercio de legítima estricta (participan en un solo tercio), ya que la deducción lógica es que el causante quiso dejarles lo menos posible. Pero a veces existen otras palabras del propio testamento que puedan inducir a pensar lo contrario: por ello es indispensable leer el testamento palabra por palabra, como si fuera una poesía.

 

*En Francia (recordemos el Reglamento Sucesorio Europeo), la legítima, caso de que existan hasta 2 hijos, será de 2/3; si fueran 3 o más, de  ¾.


Resumiendo: La legítima puede ser: 1) nada de nada o algo simbólico (USA, R.U., Navarra, parte de Álava); 2) nada de herencia pero sí una deuda (Galicia, Cataluña); 3) una parte de la herencia para algunos hijos pero no para todos (Aragón, País Vasco); 4) una pequeña parte de la herencia (Baleares); o 5), una gran parte de la herencia (Castillas etc., Francia). En estos dos últimos lugares la capacidad de decisión del testador sobre sus bienes llega a ser irrisoria (apenas un tercio en la castellana, de haber un sólo heredero; un cuarto de sus bienes en determinados casos en Francia), lo que se justifica por motivos tradicionales.

 

 

En fin, se trata de meros ejemplos; el tema es inagotable y cualquier caso concreto requiere un examen individual con los papeles a la vista.


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jueves, 3 de febrero de 2022

LOURIZÁN // VENTA DE CUOTA INDIVISA

Tempus fugit

SUMARIO

1) EL PAZO DE LOURIZÁN

2) VENTA DE CUOTA INDIVISA

3) SORTEO DE LIBRO

4) CAPÍTULO DE DOCAMPO VERSUS COLÓN



1) EL PAZO DE LOURIZÁN

El pazo de Lourizán (Pontevedra) es algo más que la siguiente etapa en la Ruta da Camelia; ¡cuidado!, para alguno puede ser la última. Cuando el visitante lo tenga de frente, ahí arriba, pensará: ¡Versalles! Pero en cuanto pise sus balaustradas y terrazas, se dará cuenta de que está ante el castillo de Drácula. Hoy una ruina, antaño fue el centro político de Galicia: el ser invitado a sus fastuosos salones constituía el oscuro objeto del deseo de todo aspirante a ministerio, con o sin cartera. Un antepasado al que llegué a conocer contaba —con regustillo de superioridad— como los alcaldes gallegos, invitados a un banquete en el comedor panorámico, se bebieron el agua del lavamanos tras el marisco. Si levantara la cabeza se quedaría patidifuso ante la pericia gastronómica que han adquirido los munícipes de nuestros días.

La rebajada mesa monolítica del casi enano Montero Ríos

  Va, en serio. Antiguo pazo, a finales del XIX Eugenio Montero Ríos lo transformó en el anonadante palacio de gusto parisino que aun dejan ver sus decrépitos muros. No voy a revelar aquí quien fue el gallego Montero; el que se interesa sabe que lo fue todo, presidente del Gobierno, del Senado, titular de Gracia y Justicia, etc.; y al que nada le interesa, para que le vamos a molestar. Este pequeño hombre fue el encargado de poner fin al imperio español mediante la entrega a los EEUU de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y los archipiélagos de Oceanía. Dicen que don Eugenio pergeñó el tratado de París aquí mismo,


entre cedros y camelios; me lo creo pues los términos de la rendición ya se fueron tratando sobre la marcha desde el primer día de las hostilidades: piénsese que en 1898 nuestro país tuvo la original idea de declararle la guerra a los yankis cuando Estados Unidos ya eran superpotencia y España, super menudencia. Las batallas navales  daban unos resultados de dos mil y pico bajas por nuestra parte frente a un par de heridos leves (por accidente) del lado americano. Algo así pasaría hoy, lo que no debería extrañarnos: aquella prensa, políticos y sociedad mentecatos se parecen bastante a los actuales. Montero está enterrado en un ataúd de cinc sito en la cripta de este verdadero palacio de Drácula.

Los jardines ocupan unas cincuenta y tantas hectáreas y la visita es a la vez preciosa y alucinante. Concebidos bajo los cánones del Romanticismo, sus ruinosos decorados no dejarán a nadie indiferente; en particular, los que salgan con fractura de tibia y peroné recordarán la aventura de por vida, seguro. Sí, asienta el pie a cada paso: todo se desmorona. Cuevas, fuentes, lagos, pasadizos subterráneos iluminados por lóbregos lucernarios, grutas de espejos, estatuas a la griega… y claro camelias, camelias, camelias. Magnolios, palmeras exóticas, cedros. Un invernadero tipo novela gótica inglesa cuyos hierros corroídos quizás te caigan encima, y entonces, quizá aquello se convierta en algo de Agatha Christie. Y las impresionantes sequoias californianas, como las de San Francisco, trayéndonos a la memoria la misteriosa relación de las Rías Baixas con Cuba: de muy cerca de aquí, de Tui, partió Docampo a conquistarla (Docampo versus Colón); a casi nada de aquí, a Baiona, llegó Martín Alonso Pinzón anunciando el descubrimiento de la Perla del Caribe; aquí al lado, en Cambados y La Saleta, construyó sus pazos el capitán Cardecid, aquel que cumplimentó la enloquecedora orden de blanquear la población cubana mediante el aporte de unos miles de esclavos gallegos (El diputado Urbano Feijóo: ¡un gallego trabaja como dos negros por el mismo coste!); aquí mismo Montero Ríos cortó el cordón umbilical con nos unió con aquella isla llamada Juana en loor de una reina que se nos volvió La Loca.

Visita indispensable y triste.    

 

2) VENTA DE CUOTA INDIVISA

Los antecedentes del supuesto consultado, en esencia, consisten en lo siguiente: Se trata de la venta de dos fincas que constituyen una única física y catastral. Una de ellas (1) pertenece a un grupo de parientes (grupo A); la otra (2), por mitades indivisas, a dicho grupo (A) y a otro grupo familiar (grupo B). Dentro de cada grupo los componentes van de acuerdo. Al parecer, A y B han suscrito conjuntamente un contrato privado de compraventa de la total finca catastral. A la hora de firmar la escritura el grupo B se niega a firmar la escritura de la venta de su 50% de la finca nº 2. Las preguntas son: ¿Puede el grupo A vender la finca nº 1 y su 50% de la 2 sin contar con el grupo A? ¿Se puede obligar al grupo B a elevar a pública la venta privada que en su día otorgaron?

Respuestas:

--Sin duda cualquier comunero puede vender a un extraño su cuota indivisa sin el consentimiento de los demás condueños.Lo que pasa es que en tal caso los condueños tienen derechos a subrogarse en el lugar del comprador en las mismas condiciones, pagando el mismo precio. El plazo para ejercitar el derecho es el de 9 días desde la inscripción registral de la venta de cuota o desde que se notifique fehacientemente al comprador.

--Se puede exigir la elevación a documento público de lo suscrito en privado: el juez preguntará por la autenticidad de la firma y, si se niega la respuesta o existen dudas, llamará al calígrafo. Una vez acordada la "elevación", si el negacionista es contumaz, el juez puede suplir su consentimiento. Si la negativa es gratuita, con frecuencia el demandado se allana ante la amenaza de las temidas costas.


3) SORTEO DE LIBRO

A partir de ahora procederé a sortear periódicamente un ejemplar en papel del libro Sebastián Docampo versus Colón a portes pagados entre los consultantes tanto de 241881.blogspot.com (Derecho de Galicia) como los de notariarajoy.com; la idea es difundir una serie de hechos, o poco conocidos, o tergiversados (El Descubrimiento, el papel de los continos en la vigilancia del clan genovés, la jornada del Pacífico o curiosidades como la Compostela tropical, la escala de Colón en A Coruña -donde obtuvo noticias del Nuevo Continente-, o la conversión religiosa de tainos y siboneyes ¿sabes porque los cuernos de la Luna de la Virgen del Cobre apuntan hacia abajo?, etc.). Aun siendo una obra de ensayo, sus partes II y III se leen como una novela de aventuras; la I profundiza en las Fuentes, pero contiene desopilantes y algo crueles estampas de aquella Galicia Canibal. 

La condición para participar será que la consulta se acompañe de la dirección completa, código postal incluído. El resultado se publicitará aquí, bien por las iniciales, bien por un alias que se facilite.

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4) CAPÍTULO DE DOCAMPO VERSUS COLÓN

El tema del capítulo 8 del libro II es el viaje a Indias de Docampo, de las que ya no volvería si no es para morir. El fragmento elegido recoge una digresión dedicada a la Niña, barco histórico donde los haya, a la altura si no la supera del San Juan Nepomuceno en Trafalgar:


Bueno, pues no. A Campo se le requiere para recibir las confesiones de Colón sobre sus conductas torticeras entre agosto de 1498, en que llega, y agosto de 1500, en que arriba Bobadilla. O sea. Su manía de ahorcar y cortar manos y sin proceso ni expediente: ejecuciones sin papeles marca de la casa. Su avaricia que mata de hambre a la colonia. Su crónica incapacidad para el gobierno, más bien especialidad en el desgobierno. Su preferencia por vender indios en vez de bautizarlos. Su intento de recluta de gentes, indios o cristianos, para oponerse a Bobadilla (don Francisco), sólo abortado porque unos y otros le rehuyeron con los pelos como escarpias. Y la permanente sospecha de su deseo de entregar la colonia a Portugal. El enjuiciamiento cabal de los desmanes de aquella época colombina, la más deprimente, parece exigir una presencia en Indias de un par de años, entre el desembarco del almirante en Santo Domingo y el reembarco del navegante, cargado de cadenas por el mismo puerto, arrestado por el comendador Bobadilla. Por ende, sabemos que con el comendador no vinieron gallegos:

 

No hubo gallegos en la expedición de Francisco de Bobadilla enviado por los Reyes a instancias del cardenal Cisneros como pesquisidor 7.

 

 Añade este autor que Sebastián de Campo era “nacido en Noya, donde se había radicado una rama de su familia, originaria de Santiago”. El natalicio en Noya es erróneo, aunque estuvo muy extendido el dato antes de haber sido publicado el testamento por Carmen Mena.

Acude ahora a nosotros el pensamiento que el de Tuy no haría muchos remilgos cuando el notario, al enrolarlo, anotó: Pero Gallego. Si hubiese empezado a enrollarse con que, bueno, él era de Tuy, pero que en el fondo la ciudad se llamaba Buenaventura, pero que Tuy recordaba el nombre romano Tude que le gustaba al obispo, pero que ahora era condado de Camiña, pero ya no, que su padre era un Hernández, pero que a él le molaba más el apellido Campo al que tenía cierto derecho… En estos casos te daban la patada y te echaban al agua.

En fin, todos estos argumentos son una patente evidencia de que Campo zarpó de Gomera en el tercer viaje, aunque no ignoro que me enfrento a todos los que siguen al padre Las Casas, es decir a todos los españoles, que lo embarcan en el segundo, y eso quizás sea pecado. Para lavar mi conciencia alegaré que pueden compaginarse ambas posturas recurriendo a la capacidad volátil de los gallegos que, agrupados en la Estadea o Santa Compaña, son capaces de encaramarse a los ámbitos celestes, desplazándose con increíble rapidez de un punto a otro del orbe terráqueo. Vale, así, sí.

¿En cuál de las dos carabelas se embarcó Campo? A eso responderé a la gallega con otra pregunta ¿porque hay que elegir, si una era copia de la otra? En la rada de San Sebastián estaba fondeada la histórica Niña con la que Colón corrió a envanecerse de la noticia del Descubrimiento a tierras portuguesas (primero, Azores, luego, Lisboa). Y, a su costado, otra carabela, llamada primero la India y luego la Santa Cruz, fabricada con los restos de seis embarcaciones destrozadas por un huracán, al que había sobrevivido únicamente la Niña, y como fiel copia de esta. Así pues en el puerto de Gomera se abarloaban la Niña, también llamada Santa Clara, y la Niña, también llamada Santa Cruz.

¿En qué medida planeaba en la mente de Campo el diktat tragicómico que se había decretado a bordo de esta misma embarcación durante el segundo viaje? Sí, tu, el juramento exigido por Colón de que Cuba era la Tierra Firme. ¿Intuía de algún modo que a él le iba tocar resolver el trágico equívoco? Acude a mi pensamiento la idea de que llegados a este punto son necesarios al menos unos apuntes sobre la biografía de este buque, histórico donde los haya.

La Niña era un barco fácil, de unos cincuenta o sesenta toneles y cuatro mástiles: trinquete, mayor, mesana y contramesana. El triangular velamen a la latina, bueno para navegar contra viento en el Mediterráneo, fue sustituido en los prolegómenos del primer viaje por el redondo (o sea, cuadrado), más útil para navegar de empopada por el Atlántico, empujado por los alisios. Proa baja, pequeño alcázar a popa encima de las provisiones, y poco más, que es mucho para la gente de mar, puesto que navegaba bien. Hizo el primer viaje en 34 días, que no está nada mal, al mando de Vicente Yáñez Pinzón; y, tras haber destrozado a La Gallega contra la barrera de coral, Colón se puso a su mando. En el segundo viaje, batirá su récord: 26 días. Luego, en 24 de abril de 1494, desde la isla Española, Colón zarpará con ella y dos carabelas más, para reconocer Cuba y demostrar que forma parte del continente asiático. El Almirante pertenecía a esa especie de científicos que primero sacan conclusiones y luego investigan, al revés que los vulgares y corrientes. Confundiendo la milla itálica (1480 metros) con la árabe (2000 metros),

 

borraba de un plumazo, o mejor de un golpe de cálculo la zona ocupada por el Pacífico y América. Todo empezaba a encajar y las 750 leguas que separaban los bordes del Océano desde las Canarias hasta las nuevas tierras, coincidían según sus particulares cálculos con lo que él previamente sabía… un hombre que conocía muy poco de los postulados de la ciencia de aquel momento y que se movía más dentro de la vaguedad que otra cosa. Por tanto, estaba a un paso de ser tomado por un farsante 8.

 

Llegados a un punto del cabotaje de Cuba, cuando Colón calculó que llevaban 335 leguas, el comandante mandó a parar, puesto que ¡no existen —aseveró— islas tan largas! Cuba era Asia y a callar. En tal momento y a bordo de la Niña, se produjo el tan manido Juramento Colombino.

 

En la carabela Niña que ha por nombre Santa Clara, ante mí, Fernán Pérez de Luna, escribano público de número… que dijesen si tenían alguna duda de que esta tierra fuese la Tierra Firme… y les puse pena de 10.000 mrs. y cortada la lengua, y si fuera grumete o persona de tal suerte, que le darían cien azotes y le cortarían la lengua.

(Establecer una equivalencia científica en kilómetros de la legua requeriría estudiar caso por caso sus variedades, entre los 4 y los 6, picos aparte. Pero nada nos impide establecer una correlación “en zapatillas” multiplicando por 5, siempre que no seamos agrimensores. La de 3 millas por legua también puede hacer que te apedreen los alumnos de Náutica).

 

El asunto tenía sus bemoles, puesto que en Pinar del Río, donde hubo que jurar, ni siquiera llevaban recorridas 335 leguas (1000 millas náuticas); más bien sólo unas 200 (600 millas). La escena tiene, que duda cabe, una vis cómica, pero puesto que la draconiana norma causó al menos una muerte por inanición, la del cura gallego citado como el abad de Lucerna o Lucena (en gallego, abad significa párroco, y la parroquia se llama Lucenza, Ourense), será mejor tragarse las chanzas. A semejante monstruo ideológico, que no se podía soslayar dada la calidad de visorrey de Colon, será al que tocará enfrentarse a Campo mediante el bojeo integral de Cuba. ¿Tendría pesadillas mientras dormía incómodamente de pasaje a La Española, la cabeza sobre un cordal, los pies encogidos contra un barril?

Bah, pero sigamos con las navegaciones de la Niña, a la que habría que darle la Gran Cruz del Mérito Naval. Mucho tuvieron que aguantar sus cuadernas ¿qué pudo pensar el pobre barco mientras Colón sostenía con toda seriedad que la mitad de la esfera terrestre tenía forma de teta? ¿Qué en el pezón estaba el Paraíso? Aunque, ahora que lo pienso, es posible que los amantes y los bebés piensen eso de verdad. Va, no divaguemos. Luego ¿a dónde navegó luego esta valiente carabela? Ah, sí hubo que viajar a Roma con el obispo Fonseca a bordo, para ganar indulgencias. Para entonces ya era propiedad al 50% entre Colón y la corona y no se le escatimaba una sola oportunidad de flete. Aun no se habían inventado los museos navales. A la vuelta la capturaron los corsarios de Tolón, pero como tuvieron la mala idea de poner de guardia a unos del Puerto de Santa María, estos se pusieron de acuerdo con los tripulantes, que eran de Palos, y arrojaron a los franceses al agua 9. Y ya estamos donde había empezado este flash back. Bien remozada, la Niña se arma como avanzadilla del tercer viaje en compañía de su copia, la Santa Cruz. Alguien habría susurrado al prudente Campo que el calafateado había costado 35.000 maravedís: sube tranquilo, pardiez.

 De sus condiciones marineras nunca habrá queja: en 35 días desembarcará su tropa de ballesteros en Santo Domingo, donde Bartolomé Colón había trasladado la capital de La Española. Será la primera tierra americana que pise Campo, que pensaría que se dirigían a Isabela. Pero, en ese mes largo de navegación, tiempo habría tenido de escuchar la conseja: en la abandonada capital del Norte, los conquistadores se empezaban a convertir en fantasmas que, cuando se sacaban el sombrero para saludar, se extraían también la cabeza. La última cita que tenemos de la Niña-Santa Clara nos la muestra navegando hacia la costa de las Perlas en 1501; allí, tras embarrancar probablemente contra un arrecife, ascendió al Paraíso de los barcos famosos. Se lo tenía merecido.