El
Cultural del ABC dice que estamos ante un auténtico bodrio de novela. Como otros medios
hablan de una fantástica combinación entre Larsson, Nabokov y Philip Roth, la
curiosidad está servida. ¿Cuál es la verdad de La Verdad ?
Un
buen método de análisis parece la comparación con la Lolita de Nabokof, puesto
que Joël Dicker (el joven autor) no esconde su voluntad de reescribir el tema. Los elementos argumentales coinciden: hay dos escritores, un
lago, un pintor/a, etc. etc., y sobre todo la relación pedófila: Lolita es aquí
Nolita, perdón, digo Nola. La gran diferencia es que en Nabokof el muerto es el
escritor nº 2 (Clare Quilty), mientras que Dicker se carga a la propia nínfula, vaya por Dios.
Pero fuera de estas buscadas coincidencias, creo que estamos ante dos tipos de novela cada
una de las cuales gustará a un tipo de lector.
Lolita empieza
así:
“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis
entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un
viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en
el borde de los dientes. Lo-Li-ta”.
Dicker, por su
parte, aborda así el tema palatal:
“Nola.
Nola. Nola. Nola. Nola.
N-O-L-A. N-O-L-A.
N-O-L-A. Cuatro letras que habían conmocionado
su mundo. Nola, esbozo de mujer por el que había perdido la cabeza desde que la
vio. N-O-L-A”.
Es distinto
¿verdad? El Humbert Humbert (HH) de Nabokof es un pervertido dentro de cuya
cabeza estamos; el Harry Quebert (HQ) de Dicker es uno que nos cuenta que está
algo chiflado. Y no es tan mala persona, hombre. ¿Sabes que cosas tan malas
quiere hacerle a Nola? Pues nada, se propone comprarle bombones y flores todos los
días. Gracias a eso sabe que es la única persona que amaría. Y sentencia: ¡El
amor solo se presenta una vez en la vida!”. El amor, vale, pero ¿y el
colesterol?
HH, por el contrario, es un
enfermo de morbo que le quiere hacer, y de hecho le hace a Lolita unas travesuras
tremendas. “El hueco de mi mano estaba
aun lleno con el perfil de Lolita, con la sensación de su espalda
preadolescente –una sensación deslizante, con suavidad marfileña-, de su piel
bajo la tela delgada que yo había restregado mientras la abrazaba… Encontré una
prenda rosada, liviana, rota…”. Las intenciones de HQ sobre Nola son “políticamente
correctas”, a sus 15 años solo se trata de esperar un poco en Canadá hasta que
llegue el día de la boda y entonces ser felices y comer perdices. Lo de Lolita,
la nínfula de doce años con cuya madre HH se casa para tenerla en sus manos, es
algo bastante más horrible. Pero sobrevive, caramba, no como Nola que encima ni
siquiera se ha divertido con la historia.
A estas
alturas, lector, te habrás hecho una idea de por donde van los tiros. No es que
la novela de Dicker sea mala, que va, es buenísima en su estilo y le esperan
millones de lectores. El error, creo, está en medirse con Nabokof. Es como si
Jacques le tira un pulso a Cervantes (al brazo bueno). Los diálogos de Nabokof
son sugerentes; ¡intenta pronunciar la palabra francesa “bas” (medias) a la Lolita ! “…con tal apetito que transformó la “a” en
el vivaz estallido de una breve “o”. Los parlamentos de Dicker, en cambio,
parecen sacados del Nuevo Testamento: “¡Arranca
mi buen Luther!”. No espere el lector sorpresas lingüísticas en Harry
Quebert, puede estar tranquilo. Cerebros de mosquito, roncos graznidos de
gaviotas, sargentos gruñones, ternura infinita. Brrrr…
Presiento, amigo Jacques, que no eres muy partidario
de Joël Dicker.
Falso. Mentira
cochina. Que quede muy claro que es una novela apasionante, entretenida, sorprendente.
Que se lee de un tirón. Bueno, o que se tira a la basura de un tirón, pero que
enseguida te das cuenta de que va. A que género literario pertenece. Encadena
una intriga tras otra como Dan Brown, ¡incluso mejor que el maestro! Del tipo: “Apareció
de golpe una roncha negra en su ombligo ¿Cómo podía ser esto?”. Así un capítulo
tras otro, nunca falla. Perfecta para llevarse a la cama antes de dormir. Además
los personajes no son liosos, cada uno lleva pegado su carácter. Ambicioso,
solidario, falso, anticuada (¡Conténtate
con una sola mujer y cásate con ella!, le dice su mamá al prota). En fin, esta es una obra de las que no exigen el agotador trabajo de pensar. Esta novela gustará al lector de
Larsson, de Brown, de “Sombras de Grey”. De ese estilo.
Ahora bien, lo
que puede despistar es lo que dice en la contraportada de cruce entre Larsson,
Nabokof y Philip Roth. Del primero, puede. De Roth, es cierto que ha tomado
esos pensamientos con docenas de preguntas encadenadas. Nada más.
Lo que es un
sacrilegio es decir que tiene algo de Nabokof. Claramente es para otro tipo de
lector y los editores no deberían jugar al despiste, sobre todo cuando se van a
forrar igual.
Ainsssss menos mal que aún queda gente decente en este mundo...gracias a Dios.
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