viernes, 25 de febrero de 2022

¿SE PUEDE PRESCINDIR DEL VIUDO LEGITIMARIO EN LA PARTICIÓN?

 

La Victoria a punto de naufragar

SUMARIO

 

1.-MAGALLANES Y ELCANO EN DELICIAS

2.-ANIVERSARIO DE ROSALÍA DE CASTRO

3.-¿CONCURRE A LA PARTICIÓN EL VIUDO LEGITIMARIO?

4.-DOCAMPO VERSUS COLÓN.

 

1.-MAGALLANES Y ELCANO EN DELICIAS.

 

El 8 de septiembre se cumplen 500 años de la arribada de la nao Victoria a Sevilla tras completar la primera vuelta al Mundo. Aconsejo a los aficionados a la aventura la lectura de cualquiera de las crónicas: es el summum, de verdad, créedme. 3 años antes había zarpado de Sevilla una flotilla de 5 naos en la que se había embarcado una especie de guerra civil entre castellanos y portugueses: todo muy al gusto ibérico. Los portugueses, al mando de Magallanes, capitán general; los castellanos, de Cartagena, “persona adjunta” nombrada por el emperador Carlos: una especie de anti-líder encargado de que aquel las pasase canutas. Eran costumbres… que aún se mantienen: como Velázquez a Hernán Cortés, como Pedrarias a Balboa, como Docampo, Aguado, Bobadilla, etc. a Colón —a éste se le puso un montón—, como Egea a Ayuso.

Tras la primera escala, un encantador entreacto con las garotas descubriendo la bahía de Rio de Janeiro, aproaron a la Antártida y al drama. Entre las ventiscas de la bahía de San Julián se apuñalaron a gusto: ganaron los portugueses por goleada; a algunos castellanos, como Quesada, los desmembraron en vivo con el cabestrante; a Cartagena, por su nombramiento regio, no se atrevieron a tanto: lo dejaron tirado al zarpar, donde pronto se convirtió en un cubito de hielo. Estas cosas nos narra uno que subió a bordo en plan turista, Pigafetta, que también se ve obligado a meternos unas bolas de infarto: los indios patagones tenían unas orejas que les llegaban al suelo; de noche, una les hacía de colchón, la otra, de manta. El Mundo, que estas naves hollaron por primera vez, aún era prístino e incógnito y te podías tirar pegotes.

 La saga de la búsqueda del canal de Magallanes, entre estrechos canales plagados de arrecifes y glaciares, es homérica y estúpida: sí, porque unas millas más abajo estaba el cabo de Hornos, donde se puede cruzar al Océano Pacífico en limpio. 2 barcos de perdieron aquí, uno, el San Antonio, se fugó rumbo a Castilla, poniendo a unos cuantos españoles a salvo del descuartizamiento; otro, la carabela Santiago, contra un peñasco. La voluntad férrea del portugués (aunque por el apellido, Magallanes, de probable origen gallego) buscaba las especias, cuyo valor superaba con mucho al del oro: los 18 que sobrevivirán a la escabechina ─de 250 partieron─, se harán todos millonarios. Pigafetta, venga a anotar animales raros: guanacos. O unos pajarracos terrestres desconocidos, con chaleco negro y pico de cuervo: pingüinos, de los que se dieron un atracón que les produjo unos tremendos retortijones. Así se descubrió que no era comestible.

 Ya en el otro mar, el Pacífico, 3 meses de hambre y escorbuto: día sí, día también, tiraban marineros al mar, tras rezar el oficio de difuntos: no oficiales, que sobrevivían porque tomaban membrillo, cuyas vitaminas protegen del mal de las olas. Luego, el sorpresón: Magallanes se pasa de largo las islas de las Especias y se asienta en Filipinas de las que intenta convertirse en rey. Enredado en disputas con los sultanatos de la zona, al fin cae bajo la lanza de Tilapulapu, aun hoy héroe nacional de aquellas islas bautizadas en honor de Felipe II. Nuevas peleas entre españoles y portugueses se resuelven esta vez con la revanche: triunfa y lidera la expedición ahora Juan Sebastián Elcano que se deja de pamemas y carga de clavo hasta los topes la flota: ha llegado al objetivo, las Moluscas, las islas de las Especias. De las dos naves que van quedando; una revienta de tanto peso. La superviviente, la Victoria navega por los paralelos rugientes, rumbo al Oeste, como siempre, circunvalando el Planeta, huyendo de las naves coloniales lusas que querían comerse todo aquella a dos carrillos: Indias, China, Península Malaya… Meses y meses sin comida, royendo el cuero de los mástiles. Las ratas se cotizaban a precio de caballos. En llegando al océano conocido, el Atlántico, los temporales del cabo de Buena Esperanza les hacen rebotar una y otra vez al Pacífico. Dos nombres, Esperanza y Pacífico, notablemente fakes.

Ya en rumbo Norte, la famina les lleva a cometer un error: escala en Cabo Verde, donde los lusos secuestran a trece tripulantes y hay que dar velas para que no trinquen a todos. Por fin, dando la Volta do Mar, es decir cogiendo viento en las Azores, Elcano consigue llevar la nave de vuelta a Sevilla: 18 espectros la tripulan, espectros, pero millonarios.

 

Supongo que este año habrá montón de saraos conmemorando el 500 aniversario de la arribada; es muy celebrable, ya que se mataron pocos indígenas, esta vez nos matamos entre nosotros al hispánico modo. Para ir abriendo boca me he acercado al centro Unicaja-Delicias en Madrid, donde anunciaban una exposición “Elcano—Magallanes”. Tras una primera fase en una sala con varias pamemas (cuerdas, barriles, botellas… que representaban, supongo, las que aquellos supermanes llevaban a bordo), se pasa a un espectáculo de luz y sonido: Aparece una reproducción de la Victoria, sobre la que se proyectan rayos, olas y tormentas. Una serie de actores hacen ruidos tipo ¡Aaaa!, UUUU, Noooo, ¡Uuuf!, lo que deja muy satisfechos a los niños y sus papás.

Me temo que a los frikys nos prestará más la lectura de las muchas y buenas crónicas que existen de la hazaña.

 

 

 

2.-ANIVERSARIO DE ROSALÍA DE CASTRO

  

Otro aniversario, este corrido, al haber trasladado la Xunta al 23 de febrero el tradicional, que era el 24, tras el hallazgo del expediente matrimonial de Rosalía.

La gran polémica con la novelista (en castellano: también hay que leerla) y poeta en (en gallego) es: si todo aquel dolor, que le salía de las mismas entrañas, era inventado (poético, literario), o biográfico. O  sea, o como Víctor Hugo, que no era ningún Miserable, por más que los novelase, o más bien como los malditos tipo Dostoievski, Bukowski o Poe. Me ha causado mucha impresión el libro de Maria-Xesús Lama López: Rosalía de Castro Cantos de independencia e libertade (1837-1863); según él la moza Rosalía pertenecería a la gente bien de Santiago, participando de sus fiestas, gustos, estudios en el Liceo de la Juventud y nivel de vida. ¡Vaya! ¿Resulta que la Negra Sombra era sólo una ficción poética? A primera vista, sientes algo de decepción, pronto contenida por el pensamiento de que mejor para Rosalía. Respetando mucho a la biógrafa y habiendo disfrutado de su libro, a mi juicio esa idea es altamente improbable. Debutó como hija espuria ( los adulterinos, incestuosos o sacrílegos: estos últimos, los hijos de cura como ella), que son los que, no siendo "hijos naturales", no tienen padre ni madre. Por algo la tuvieron que bautizar como inclusera. Aquel debut lo llevó toda la vida como una mancha y, desde luego, por parte de su familia fidalga (los De Castro del pazo de Arretén) se llevó la discriminación a rajatabla: la poetisa se pasó la vida en la miseria y su relación con la familia noble se limitó a la petición de limosnas de unos pocos reales, que no siempre se le concedían. Parece que estudió, sí, en el Liceo, pero entre sus amistades no se cuenta uno solo de los apellidos fidalgos de Santiago; mucho menos los títulos (condes de San Juan y de Gimonde, marques de Monrroy, etc.). Los Pondal, Aguirre, Murguía, Avendaño et altera, eran jóvenes progresistas. Ella misma confiesa que toda la vida se sintió afectada por la rexouba (denigración) que se practicaba profesionalmente en el monasterio de San Lourenzo: "La risa y el sarcasmo /que fuera yo mi corazón palpaba"; "¡Sola era yo con mi dolor profundo/ en el abismo de un imbécil mundo"; "Y con agudos silbidos y entre sonrisas burlonas/ renegaron de mi numen y pisaron mis coronas"/  "...alrededor hubiese sentido, desde la cuna ya, el ruido de las cadenas que debían aprisionarme para siempre...";  "Cuando los señores de la tierra me amenazan con una mirada, o quieren marcar mi frente con una mancha de oprobio, yo me río como ellos se ríen y hago, en apariencia, mi iniquidad más grande que su iniquidad."; "...un deseo de virtud para lo futuro, un nombre honrado y sin mancilla..." Para qué más. ¿Iba una ciudad levítica como ninguna otra hacer una excepción con Rosalía? ¡Que va, eso es imposible, a un compostelano de pro no se le puede ir con ese cuento!

Cuando la llevaron a Madrid para buscarle algo (o rascar algo de la herencia según Carré Aldao, creo que ambas cosas), no encontraron mejor solución que entregarla en matrimonio a un pequeñajo ridículo que se hacía crecer con tacones, largos gabanes y sombrero de copa, aunque buen historiador (al gusto decimonónico, vale: inventando). De la agria relación tenemos indicios, pero no seguridades, al haberse encargado el viudo de quemar la correspondencia conyugal. Diantres, puede que Rosalía fuese esa persona encantadora y empática que ahora nos pintan, pero en tal caso debería haber consultado con el especialista cuando escribía ciertas cosas, por ejemplo el anti-adiosriosadiosfontes: "Ódiote, campo fresco/ c´os teus verdes balados... /Ódiovos montes soaves/ que o sol poniente aluma.../ E ti tamén, pequeno/ río, cal n´outro hermoso/ tamén aborrecido..."; "el execrable anatema llevando en la frente escrito/ refugio busqué en la sombra para devorar mi afrenta". Tampoco se compadecen con esa imagen idílica sus coqueteos con la idea del suicidio por inmersión (As Torres d´Oeste) que, si bien no llegó a materializar, quizá por pudor a la compostelana, sí convirtió su agónica muerte en una representación del mismo, al ordenar la apertura de ventanas para tener a la vista el Mar, un mar inexistente en Padrón donde finó sus días.  

Mi intuición me dice que fueron dos las Negras Sombras. Además del anatema que llevaba escrito en la frente, tuvo que existir algo más. Si esto fuera un juicio, no tendría pruebas, pero sí indicios.

"Santo Domingo, en onde cante´eu quixen descansa" (poema "Adiós") 

 Cuando Rosalía poetiza que en Santo Domingo Bonaval (Santiago) está enterrado quien más ha querido, siendo así que solo reconoce explícitamente esa categoría a su madre, que lo está en Padrón, nos da un indicio de que quizá esta pensando en Aurelio Aguirre, el poeta estrella, el ídolo de la juventud de aquella Compostela, el mentor del banquete de Conxo (su restos han sido trasladados recientemente de Santo Domingo a Boisaca). A.A., el mismo que en uno de sus poemas despreció a Rosalía: que se dedicase a la literatura, que como mujer no valía un real. "La mujer en el mundo no es dichosa/ por más que con falaz hipocresía/ adulando su joven fantasía/ la mire el mundo y la proclame hermosa// Lo será si modesta y virtuosa/ al templo del saber sus pasos guía/ y ceñida la sien ostenta un día/  con la diadema de laurel honrosa..." Este desdén envenenado parece sugerir un interés por parte de la llamada "poetisa" ¿no es cierto? Si así fuere, no se quedó sin vendetta. Aguirre había satirizado en su obra el plagio literario: pues bien, uno de sus poemas, el Marmurio das Ondas, fue plagiado descaradamente por Rosalía en su Negra Sombra Lo peor, o lo mejor, es que fue plagio del bueno: el que supera al original. Cuando te hablan de Marmurio, ¿de cual te acuerdas, del de Aurelio o del de Rosalía?

¿Qué, qué, qué tumba de Aurelio Aguirre? Se ahogó en A Coruña, tras un chapuzón en la playa de San Amaro. Lo que pasa es que al decirnos Murguía que tenía las uñas llenas de lodo, ganas nos dan de tramar una novela policíaca. Estaba amenazado de ser desterrado a las islas españolas de Polinesia por su discurso subversivo en el estrambótico banquete. Otra polémica, la de si Rosalía tuvo plato de cabra al estilo Conxo o no, mejor la dejamos para otro día.

 

 

 

 

3.-¿SE PUEDE PRESCINDIR DEL VIUDO/A LEGITIMARIO EN LA PARTICIÓN?

 

 

Pregunta: Mi hermano y yo fuimos declarados herederos abintestato de mi padre, correspondiéndole a mamá la cuota vidual legitimaria. Hemos suscrito ya las arras para la venta del otro piso (el que papá heredó, que no es el domicilio conyugal). Ahora va mamá y dice que no firma ni la adjudicación de herencia ni la venta. ¿Se puede hacer algo?

 

 Respuesta: Lo más importante antes de hacer una consulta es facilitar la vecindad civil: gallego, catalán, aragonés. Deduzco por la dirección que es la gallega; si no es así, retiro lo que viene a continuación.

 

En un post anterior advertíamos de la preocupante costumbre de la ex DGRN (hoy DGSJPYFP o algo peor) de dar más importancia a la legítima conyugal (al considerarla un usufructo y por tanto derecho real), que a la de los hijos: de estos últimos, si son meros legitimarios, cabe prescindir para la partición, cosa que no puede hacerse con un viudo/a titular de derecho real. La solución —decíamos— desde el punto de vista del testador es recurrir al art. 255, que le permite libérrimamente fijar la naturaleza de la legítima conyugal: puede muy bien determinar que se trate un crédito dinerario pagadero en el plazo legal (1 año), con lo cual ya no cabría hablar de derecho real. Se produce una subrogación por su mera voluntad, en la que el usufructo del cuarto actúa meramente como un quantum.

 

Creo que los herederos tienen al alcance una solución parecida. Propongo un ejercicio de “Las diferencias”: la comparación del art. 256LG con el 839 del Código Civil. En el derecho gallego los herederos, por sí y ante sí, sin intervención del viudo/a, pueden decidir la modalidad (1º paso). Decidida esta, por ejemplo “en dinero”, es cuando se requiere el acuerdo con la persona viuda o decisión judicial, para concretar el derecho, o por ejemplo o 50.000 euros o 65.000 (2º paso).

 

Muy distintamente en el Derecho Común se requiere el acuerdo herederos-viudo/juez incluso para determinar la modalidad, lo que genera una especie de derecho veto para operaciones urgentes en favor del cónyuge supérstite.

 

Entiendo que, tratándose de un causante gallego, dos herederos pueden muy bien otorgar escritura de “adjudicación de herencia y opción de modalidad” atribuyendo naturaleza dineraria a la legítima con lo que, al no tratarse de un derecho real (inmuebles) no sería calificable por el registro, debiendo inscribirse la finca a nombre de ambos herederos.

 

Lo que no está garantizado es que el registrador que os toque sea de la misma opinión, por lo que deberéis hacer la consulta previa. Y, en aras de la paz familiar, si podéis arreglaros con vuestra madre, miel sobre hojuelas.

 

 

Ley de Galicia

Artículo 255.

El causante podrá satisfacer la legítima del cónyuge viudo atribuyéndole por cualquier título, en usufructo o propiedad, bienes determinados de cualquier naturaleza, un capital en dinero, una renta o una pensión.

 

Artículo 256.

Si el causante no lo prohibió, los herederos podrán conmutar la legítima del cónyuge viudo por alguna de las atribuciones expresadas en el artículo anterior y optar por la modalidad de pago, pero habrán de acordar con la persona viuda los bienes o derechos en que se concretará. Si no hubiera acuerdo entre los herederos y la persona viuda, decidirá la autoridad judicial.

 

Código Civil

Artículo 839.

Los herederos podrán satisfacer al cónyuge su parte de usufructo, asignándole una renta vitalicia, los productos de determinados bienes, o un capital en efectivo, procediendo de mutuo acuerdo y, en su defecto, por virtud de mandato judicial.

Mientras esto no se realice, estarán afectos todos los bienes de la herencia al pago de la parte de usufructo que corresponda al cónyuge.

 

 

 

 

4.-DOCAMPO VERSUS COLÓN

El capítulo 2 del libro III trata del gobierno de Ovando en La Española. Colón era a estas alturas un apestado que tenía prohibido hacer escala en la colonia castellana; quizá por eso le echó el mal de ojo al nuevo gobernador. Y acertó.

 

Año y pico atrás, los reyes se habían quedado cariacontecidos cuando Colón les fue devuelto encadenado, no por el hecho en sí, sus cualidades de gobernante eran peores que la peste; sólo por los hierros. Como premio de consolación (al fin y al cabo, parece que les había regalado la India, incluso más de una) le avalaron un cuarto viaje a cualquier sitio donde su hundiera y desapareciera en el fondo del mar para siempre; no a La Española, no. Ahí no. NO. NO.

No contaban con la desvergüenza del personaje. A los pocos meses de gobierno ovandino se van a perfilar en el mar turquesa del estuario del Ozama cuatro velas con sus rojas cruces de Malta y el estandarte verde de los Reyes en sus trinquetes. No ondean banderas, ni hacen albricias con las lombardas, ni siquiera disparan arcabuces. Nada de nada. Es como si viniesen a hurtadillas. Se trataba del genuino Cristóbal Colón en carne mortal. No había podido resistir la tentación de acercarse a su querida isla, a pesar de la expresa prohibición de los reyes que, conociendo sus proverbiales facultades parta el desbarajuste, lo habían despachado “solo para Tierra Firme”, ¡nada de islas! Si descubría algo nuevo, ya mandarían alguien capaz de gobernarlo.

Una chalupa bogará a tierra ante las perplejas miradas de los dominicanos que temerán que Ovando se arrugue ante la aureola virreinal del almirante. El hombre de Colón a bordo, Diego Méndez, un notario baquiano curtido en mil batallas y cicatrices, pero que lee a Erasmo, ni siquiera es autorizado a desembarcar y recibe las contestaciones a flote por un propio del gobernador, que no se dignará en recibirle. Petición de reponer una carabela averiada: denegada. Petición de refugio ante el tremendo huracán que se avecina, que, que, ¿qué es eso? Advertencia de parte de Colón de que no zarpe hacia España la armada de treinta y dos navíos que se divisa todo a la redonda. Respuesta: que ja-ja-ja.

A Ovando de la risa se le debió encender la barba hasta las raíces con aquello del huracán, que sonaba a can, canino o caca de perro, por decirlo a lo sencillo. Esa palabra inexistente en castellano lo más que suscitaba era un encogimiento de hombros.

 El gobernador será brutal: la flota zarpará al alba, con la marea, venga, espabilad. Sí o sí. Ovando preferiría mil veces que se hundiese la flota de España antes de que se pusiera en duda quien empuñaba el bastón de mando. Un hombre de autoridad no puede descansar ni un momento de su condición. Él no era como esos Colón, no negociaba con rebeldes o enredadores. De esos iba un buen ramillete como pasajeros en la escuadra que zarpaba hacía España: Guarionex, el cacique que había promovido una rebelión general, aplastada en la batalla de la Vega Real. Bobadilla, el cruel gobernador que había engrillado a los Colón. Roldán, el hidalgo rebelde ante quien se había achantado la troupe colombina. Por ir, hasta iba en los pañoles la famosa pepita de oro gigante. La del cochinillo. Tan grande como un barreno, que es a modo de hogaza de Alcalá. 3.600 pesos en oro que valía. 35 libras de peso ¡lo nunca visto en pepitas! Comandaba la expedición Torres, hombre de la corte que ya había capitaneado la singladura de ida de esta misma flota, con Ovando a bordo.

Anticipemos que Colón no era un analfabeto en cuestiones de mar pero, por ahora, debemos volver a cambiar de escenario. Dejemos a su suerte aquella España en marcha que era la flota de Torres, que iza las velas, nave tras nave, en el estuario del Ozama, y volvamos a la flotilla de Colón, el desahuciado, constreñido a abandonar Santo Domingo con un Vade retro Satanás. El caso es que, como muy pronto vamos a tener ocasión de ver, los cuatro pecios destartalados que había conseguido don Cristóbal van a tener una relación más directa con la peripecia vital de Campo, que la lustrosa flota de Torres que singla adormecida hacía la tragedia.

La encomienda Campo en Azua limitaba por el sureste con una colina en forma de medio riñón asomada al llamado Puerto Escondido, un brazo de mar desenfilado de la dirección dominante de los huracanes. Allí Colón buscó refugio de la que se avecinaba; clavó estachas, hizo firmes cabos y maromas y dejó a buen recaudo sus cuatro barcuchos en cuyos cascos empezaban a trazar galerías cierto gusano llamado broma. Campo tuvo que presenciar o ser informado de la operación, pero probablemente no se puso en contacto. Por un lado, temería ser acusado de traición; por otro, consideraría muy probable que el clan genovés —a bordo venían don Cristóbal en carne mortal, su hijo Hernando y su hermano Bartolomé— conservase sentimientos de animadversión contra él, a cuenta de su participación en el juicio de Bobadilla. Por la forma calmosa en que se desarrollará meses más tarde el futuro salvamento de la flota colombina (una vez el gusano excavador remate su trabajo), podemos colegir que el encuentro, si lo hubo, fue desagradable.

Volvamos ahora de nuevo el foco a Santo Domingo, unos cien kilómetros al Este. Tan pronto la última vela de España se ocultó tras el horizonte, la situación evolucionó con rapidez. Los españoles iban a aprender el mal trago en que consiste un huracán. Cuentan que los relámpagos eran tan virulentos que se veía luz a ojos cerrados. Cada ventana rezaba un tembloroso Salve Regina, intentando sobrellevar la angustia de la espera. Al primer embate, el viento doblegó a ras de suelo las palmeras de la costa. El agua jarreó durante horas, hasta que disolvió el adobe de las casas dominicanas y los vecinos supervivientes se vieron húmedos y desnudos. ¡El Juicio Final!, proclamaron a voz en grito unos frailes, haciéndose oír apenas entre el aullido de los ciclones. Lo fue, y su veredicto no disgustará del todo al comendador mayor, tal como ordenará ser llamado Ovando tras su ascenso al mando supremo de la Orden de Alcántara. Guardará luto, sí, por las treinta embarcaciones que se fueron al fondo; solo dos llegarán a España. Y quizás medio luto por la pepita de oro (encima de la que sus halladores habían comido un lechón) y que pasó a ser el más bello plato de la vajilla de Neptuno. Pero es dudoso que derramase ni media lágrima a cuenta del ahogamiento del 100% de los personajes de la conquista (Roldán, Bobadilla, Guarinonex, Torres… ), algo que le permitiría empezar de cero. Tras recibir noticias de Compostela por un mensajero (suponemos que el guatiao Campo), es posible que dijese a sus colaboradores que nada podía ser menos cierto que sugerir que le apenaba la supervivencia de los Colón.

 

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